Dafnis y Cloe
Niña candorosa, criada en los campos, no se daba cuenta de lo que le pasaba, porque ni siquiera había oido mentar al amor. Sentía inquietud en el alma; no podía dominar sus ojos y hablaba mucho de Dafnis. No comía de día, velaba de noche y descuidaba a sus ovejas; ya reía, ya lloraba; si dormía, se despertaba de súbito; su rostro se cubría de palidez y luego ardía en rubor. Nunca se agito mas becerra picada del tábano. Acontecía a veces de ella a sus solas prorrompía en estas razones:
"Estoy mala e ignoro mi mal; padezco y no me veo herida; me lamento y no perdí ningun corderillo; me abraso y estoy sentada a la sombra. Mil veces me clave las espinas de los zarzales y no llore; me picaron las abejas y pronto quede sana. Sin duda que esta picadura de ahora llega al corazón y es mas cruel que las otras. Si Dafnis es bello, las flores lo son también; si el canta lindamente, no cantan mal las avecicas. ¿Por que pienso en el y no en las avecicas y en las flores? ¡Quisiera ser su flauta para que fundiese en mi su aliento! ¡Quisiera ser su cabritillo para que me tomara en sus brazos!, ¡Oh, agua perversa, que a el solo hace hermoso y me lavas en balde! Yo me muero, querida Ninfas; ¿como no salváis a la doncella que se crió con vosotras? ¿Quien os coronara de flores después de mi muerte? ¿Quien tendrá cuidado de los pobres corderos? ¿A quien encomendare mi parlera cigarra, que cogí con tanta fatiga y que solía cantar en la gruta para que yo durmiese la siesta? En vano canta ahora, pues yo velo, gracias a Dafnis."
Así padecia, así se lamentaba Cloe, procurando descubrir el nombre de amor.
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